Posted by on Jan 13, 2016 in BLOG, FRAGANCIA DE SION | 6 comments

la palabra del padre-ois.com.es
Kim Jin-hee, desde Ansan, Corea

Esta es la fragancia de Sion de un miembro de la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial que cree en Cristo Ahnsahnghong y Dios Madre.


Hace unos años, a mi padre le encontraron células cancerígenas. Como se habían propagado a la hipofaringe, que está conectada con el esófago, la situación fue tan urgente que mi padre tuvo que operarse lo antes posible.
El día anterior a la cirugía, le enseñé a mi padre a enviar mensajes de texto desde un teléfono móvil. Hice esto porque él no iba a poder hablar, pues la operación removería su laringe junto con el cáncer. Mi padre, que estaba consciente del hecho, continuó hablando hasta el amanecer sin dormir.
Amaneció y fue enviado a la sala de operaciones. Cuando salió de la sala de recuperación después de la operación, perdió la voz como se imaginaba. A veces podía decir una palabra, pero esto era posible cuando aplicaba tanta tensión a su estómago que su rostro se enrojecía; su voz era un ronquido que apenas podía escuchar si me concentraba mucho.
Desde ese día, mi padre me enviaba mensajes de texto para asegurarse de que yo estuviera bien. Al principio, respondía rápidamente, pero con el paso de los días llegué a descuidar sus mensajes. Como empecé a cansarme, regresaba el mensaje solo una vez cuando me enviaba diez mensajes. Luego mi padre, preocupado por su hija, me llamaba y luego colgaba el teléfono, solo después de sentirse aliviado de escuchar mi voz.
Ese día también pude notar que se esforzaba por hablar.
“¿Co… mis… te?”
Mi padre dijo una palabra, pero como al parecer estaba cansado, colgó el teléfono inmediatamente. Pronto mi teléfono volvió a sonar.
“¿Dón… de… es… tás?”
Un momento después, nuevamente me llamó.
“¿Cuán… do… vie… nes?”
Después me molesté.
“No puedo escucharlo. ¡Envíe un mensaje!”
Así le hablé fríamente y colgué.
En ese momento, no sabía que mi padre tenía que soportar un dolor extremo como si su intestino fuera cortado, para decirme una palabra. Por supuesto, ni siquiera pude imaginar lo triste que estaba mi padre, al ver que su hija había colgado el teléfono. Ahora sé qué grande era su dolor cuando se esforzaba por decirme una palabra con una voz débil, pero mi padre ya no está en este mundo. Me siento arrepentida por no haber comprendido su corazón.
“He venido. ¡He venido para encontrar a mis hijos!”
Puedo escuchar la voz ansiosa del Padre celestial.
¡Tanto extrañaba a sus hijos pecadores que él mismo tuvo que venir a esta tierra! ¡Qué afligido y triste habrá estado, para gritar al cruzar los montes y ríos para encontrar a sus hijos! Estoy muy apenada ante el Padre por darle dolor en el pasado; pudo haberse sentido solo porque sus hijos no lo reconocieron ni lo escucharon.
“Todo saldrá bien si escuchan la palabra de la Madre.”
Nunca olvidaré al menos las últimas palabras del Padre. Lo haré porque ya no soy una hija imprudente que no comprende el corazón del Padre.

La estrella del Salvador
Cristo Ahnsahnghong que vino como el buen samaritano