Posted by on Jan 29, 2016 in BLOG, DESTACADOS | 10 comments

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La historia de Jerusalén

La gente anhela tener paz en su mente, mirando los lugares santos de Jerusalén, llamada la “ciudad de la paz”. Sin embargo, al investigar la historia de Jerusalén, hallamos que es un lugar que está muy lejos de la paz. Allí ha habido más derramamiento de sangre que en otro lugar, debido a los interminables conflictos religiosos. Aldous Huxley, crítico inglés, describió la ciudad como “la casa de masacre de las religiones”.
Jerusalén es la tierra santa no solo para los cristianos sino también para los musulmanes. Allí se encuentra la Cúpula de la Roca, que es conocida por ser el lugar donde Mahoma ascendió en caballos, según la leyenda. Para los musulmanes, es el tercer lugar más santo después de la Meca y Medina. De la misma manera, Jerusalén es el lugar más importante para los judíos porque el templo de Dios estaba ubicado allí.
Como tres diferentes religiones y dos diferentes pueblos (israelitas y palestinos) insisten en ser propietarios de Jerusalén, esta permanece como la ciudad representativa de los conflictos para la sociedad internacional. Sin embargo, la santa imagen de Jerusalén no ha declinado. En realidad, se fortalece con el tiempo.

La historia de Jerusalén comienza en los tiempos de Abraham. Los descendientes de Abraham fueron escogidos por el cielo y se establecieron en Canaán (Israel). Como Dios había profetizado, permanecieron en Egipto como “extranjeros”, pero volvieron a la tierra prometida. Al construirse el templo y la fortaleza en los tiempos de David y Salomón, Jerusalén gozó de la mayor prosperidad. Sin embargo, no mucho tiempo después, Israel fue dividida en dos (Israel al norte y Judá al sur), y fueron destruidos por Asiria y Babilonia.
Sin embargo, el Imperio Persa que conquistó Babilonia, liberó a los judíos y los envió de regreso a su tierra natal. Los judíos que volvieron a su tierra natal, fueron invadidos por el Imperio Griego que conquistó a Persia. Y luego fueron controlados por el Imperio Romano, que conquistó al mundo. Fue entonces cuando apareció Jesús y nació el cristianismo.
Los judíos no reconocieron al Mesías a quien habían estado esperando ansiosamente. Al final, entregaron a Jesús para ser crucificado, juzgándolo por blasfemia, diciendo que siendo hombre se hacía Dios, y gritaron sin dudar: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mt. 27:25). La paga de sus pecados fue la miseria. Como Jesús profetizó: “No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mr. 13:2), Jerusalén fue enteramente destruida por el ejército romano en el año 70 d. C.
Sin embargo, después que el emperador romano Constantino oficialmente reconociera el cristianismo, mejoró la situación de Jerusalén, donde Jesús vivió su vida del evangelio. Varios cristianos consideraron a Jerusalén como el principal lugar de peregrinación, pero esto no duró mucho tiempo. El Imperio Musulmán conquistó la mayor parte de los territorios de Medio Oriente con gran fuerza militar y avance de su civilización, y los musulmanes quitaron a Jerusalén de los cristianos.
En la Edad Media, las naciones cristianas de Europa se reunieron y emprendieron las Cruzadas varias veces para recuperar la tierra santa de mano de los paganos. Aunque decían pelear en el nombre de Dios, las Cruzadas duraron cerca de doscientos años debido a sus deseos mundanos, y terminaron dejando a Jerusalén teñida de mucha sangre sin ningún perdedor o ganador.
Atravesando un violento período de colisión entre dos religiones, los judíos influyentes en Europa iniciaron el Sionismo desde fines del siglo XIX hasta el siglo XX. Después de terminar la Segunda Guerra Mundial, los judíos finalmente restablecieron Israel en el año 1948, mil novecientos años después de que Jerusalén fuera destruida. Mediante la Independencia y la primera Guerra de los Seis Días, Israel ocupó Jerusalén occidental, y al obtener la gran victoria en la Guerra de los Seis Días en 1967, incluso ocuparon la región occidental del río Jordán incluyendo Jerusalén oriental. De esa manera ocuparon Jerusalén, ciudad que habían estado añorando por mucho tiempo.

Actualmente, Jerusalén está dividida en dos, oriente y occidente, de acuerdo con la situación residencial de los árabes y judíos. La antigua ciudad de Jerusalén, que es llamada el centro de la tierra santa, está dividida en cuatro partes: judía, armenia, cristiana y musulmana. Los encargados de esas iglesias las abren en el tiempo de culto de cada religión. Ellos adoran a un dios diferente en diferentes idiomas. La escena de esta santa ciudad muy de mañana, dice mucho de la complicada historia de Jerusalén.

La salvación y Jerusalén

Sin embargo, para nosotros, Jerusalén es un lugar muy importante. Porque la Biblia describe que Jerusalén es el lugar de la salvación, del refugio, adonde debemos huir de la destrucción. Esta es la razón por la que todo el mundo se centra en Jerusalén. La Biblia dice “huid” a Sion porque allí está Jerusalén.

Jeremías 4:5-6 Anunciad en Judá, y proclamad en Jerusalén, y decid: Tocad trompeta en la tierra; pregonad, juntaos, y decid: Reuníos, y entrémonos en las ciudades fortificadas. Alzad bandera en Sion, huid, no os detengáis; porque yo hago venir mal del norte, y quebrantamiento grande.

Isaías 33:20-24 Mira a Sion, ciudad de nuestras fiestas solemnes; tus ojos verán a Jerusalén […] No dirá el morador: Estoy enfermo; al pueblo que more en ella le será perdonada la iniquidad.

Isaías 4:3 Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes,

Entonces, ¿Jerusalén, el lugar de la salvación, indica a la ciudad ubicada en Medio Oriente?
No, no es así.  La Jerusalén que debemos buscar para nuestra salvación es la Jerusalén celestial y esta Jerusalén celestial es Madre de todos nosotros, la Esposa de Dios Padre.

Apocalipsis 21:9-10 Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,

Gálatas 4:26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.

En esta época, para ser salvos, sin falta debemos creer en la Jerusalén celestial, Dios Madre quien nos da el agua de la vida, la salvación.

 Apocalipsis 22:17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.

Con cuánta ansiedad debe de haber deseado la salvación de sus hijos, Cristo Ahnsahnghong
Por mis padres