Posted by on Oct 4, 2016 in FRAGANCIA DE SION | 1 comment

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HJ Lee, Corea

En medio de una gran intersección, presencié un accidente de tránsito entre un auto y una bicicleta montada por un señor mayor. En cuanto el auto lo embistió, su cuerpo voló por los aires y cayó al suelo.

Tan pronto como lo vi desde mi auto al otro lado de la calle, encendí las luces de emergencia y corrí hacia el hombre. El conductor del auto estaba tan nervioso que no sabía qué hacer, así que le dije que pusiera el triángulo de emergencia tras su vehículo y comprobé el estado del anciano. Todo su cuerpo estaba temblando y sus heridas parecían graves.

Sabía que debía mantener la calma en esa emergencia. Tras intentar tranquilizar al señor, llamé una ambulancia y a la policía. También llamé a su familia y les informé del accidente. Después de que llegara la ambulancia y los paramédicos le dieran los primeros auxilios, por fin me sentí aliviado.

“¿Conoce usted al anciano?”, me preguntó un enfermero.

“Ah, ¿a él? No, pero vi el accidente y…”

Entonces se llevaron al señor a un hospital grande.

Todavía recuerdo la escena del accidente nítidamente. Cuando lo vi, instintivamente corrí hacia el anciano. Fue porque sentía que debía ayudar a una persona en peligro aunque no la conociera.

No debemos dejar solos a los que están muriendo espiritualmente. Debemos entregar diligentemente la promesa de vida eterna de Dios a todas las almas que no pueden jactarse del día de mañana.


Esta es la fragancia de Sion de un miembro de la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial que cree en Cristo Ahnsahnghong y en Dios Madre.

Amemos mutuamente con bellas palabras como la enseñanza de Dios Madre
Las manos del padre