Posted by on Oct 26, 2016 in BLOG, FRAGANCIA DE SION | 4 comments

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SD Kang, Corea

El año pasado por estos días,había una higuera en el jardín de la casa adonde mi familia se había mudado. En ese tiempo, el árbol tenía muchos frutos en sus ramas. Mientras los higos empezaban a madurar, emitiendo un aroma dulce, me di cuenta de que había algunos huéspedes inoportunos. Todos los días, se posaban ruiseñores en la higuera y disfrutaban de los higos hasta saciarse.

Lo mismo sucedió este año. Un domingo en la mañana, ante el sonido del gorjeo de las aves me apresuré en salir. Los ruiseñores estaban picoteando y comiendo los higos que todavía no maduraban. Tomando un matamoscas, los ahuyenté. El siguiente día, también vinieron a comerse los higos, gorjeando ruidosamente. No podía soportarlo más. Por eso mi esposo y yo cubrimos todos los frutos con una red y los aseguramos con pinzas.

Desde entonces, aunque las aves siguieron viniendo a la higuera durante unos días, ahora ya no vienen, probablemente porque comprendieron que no podían comerse los frutos. Ahora los higos están madurando sin ningún problema.

Aunque una higuera produzca frutos dulces y deliciosos, sin el trabajo del dueño ningún fruto puede estar protegido. He comprendido qué agradecidos debemos estar por la existencia del Padre y la Madre celestiales que nos protegen como a la niña de sus ojos, como el dueño de nuestras almas, olvidando incluso su sueño y descanso. Ya que el Padre y la Madre nos mantienen a salvo, quiero crecer como un buen fruto que complazca a Dios con la alegría de la cosecha.

Salmos 127: 1 “Si Jehová no edificare la casa,En vano trabajan los que la edifican;Si Jehová no guardare la ciudad,En vano vela la guardia.”


Esta es la fragancia de Sion de un miembro de la Iglesia de Dios Sociedad Misionera Mundial que cree en Cristo Ahnsahnghong y en Dios Madre.

Los hijos que complacen a la Madre celestial
Los hijos perdidos celestiales